Cementerio de Colón

Cemetery of Colon, entrance

En el Cementerio de Colón se encuentra la mayor concentración estatuaria de Cuba y sus mejores monumentos funerarios, incrustados justo en el medio de la ciudad, no lejos de la Plaza de la Revolución por la calle Zapata.

Su apertura data de la década de los 70 del siglo XIX, siendo su arquitecto el español Calixto de Loira, uno de los primeros cadáveres sepultados en el nuevo camposanto el 29 de septiembre de 1872.

Todo cercado por un extenso paredón perimetral, es por su ubicación, uno de los anacronismos más notables que encontrará el visitante, aunque esto es más bien objeto de comentario de urbanistas y no tanto de los vecinos, quienes por el contrario agradecen la céntrica ubicación de la necrópolis, en tanto a ella suelen concurrir varias veces al año, como bien dispone la tradicional estrecha relación de los cubanos con sus muertos queridos.

An statue in the cemetery of ColonEn todo caso se trata de un enorme museo de esculturas al aire libre, cuya belleza imponente deja verse desde el propio acceso principal de estilo románico, que exhibe como remate una escultura a gran tamaño de José Vilalta de Saavedra, en la cual el artista representó virtudes teologales como la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Distribuido entre dos avenidas cuyo punto de unión da lugar a una cruz perfecta, el Cementerio de Colón es por su concepción y lujo una pequeña ciudad de mármoles, bronces, ángeles, cruces, y alegorías de la variopinta imaginación que sirven fundamentalmente para identificar la clase de los muertos o expresar el reconocimiento que merecieron del pueblo, pues cierto es que tales moradas mortuorias si bien eran casi siempre resultado del tributo familiar, podían serlo también de la contribución popular. Así son los casos del que hizo construir a su amada Catalina Lasa su segundo esposo Juan Pedro Baró; y el que guarda los restos del clan de los Gómez-Mena; o aquel donde fue depositado el cuerpo de Leonor Pérez, madre de José Martí; junto al también hermoso dedicado a Máximo Gómez, el venerado Generalísimo de las dos guerras de independencia de los cubanos en el siglo XIX.

An statue in the cemetery of Colon Todos ellos en la Avenida Cristóbal Colón, el tramo más importante del camposanto que va desde el acceso principal hasta la capilla, construcción decimonónica cuyos interiores fueron decorados con pinturas del artista criollo Miguel Melero.

Conjuntos funerarios de gran interés y elegancia son también el que diseñó Villalta de Saavedra en honor a los siete estudiantes de medicina que fueron fusilados el 27 de noviembre de 1871 bajo cargo de haber profanado la tumba del español Don Gonzalo de Castañón; o el que es obra de los escultores españoles Agustín Querol y Julio M. Zapata, levantado a los bomberos y vecinos víctimas del siniestro de la ferretería Isasi, el 17 de mayo de 1890, entre otros.

El adentrarse un día por cualquiera de las puertas de esta sui generis gran manzana habanera es como montarse a la máquina del tiempo e ir al encuentro con los protagonistas de la historia de esta metrópoli, sus costumbres, su idiosincrasia, su huella.

Majestuosa se levanta la Necrópolis de Colón a pocos metros de la céntrica intercesión de las calles 23 y 12, una de las esquinas más populosas del vedado. Un encentro del arte con la historia y de nosotros con ellas y con ellos.